¿Es bueno beber un vaso de vino al día? ¿Es perjudicial?

Durante mucho tiempo hemos oído de los beneficios de consumir un vaso de vino al día, sin embargo pocas veces nos cuentan que perjuicios puede llegar a tener en nuestra salud. ¿Hasta qué punto esta conducta puede llegar a afectarnos?, ¿Qué sintomatología puede desarrollarse si seguimos estos consejos? ¿Puede crear una especie de adicción? Te invitamos a acompañarnos para resolver estas dudas.

Resveratrol versus alcohol en un vaso de vino al día

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Los estudios sobre el resveratrol se iniciaron en el año 1939 por el doctor Michio Takaoka en Japón y paulatinamente han sido difundidos hasta alcanzar su máxima expresión en el 2000 en  la revista Nature, resaltándolo como un estimulante de las enzimas sirtuinas, que prolongan la vida en la mosca de la fruta y de allí se ha concluido que tiene propiedades antioxidantes.

También se conoce preventor del  Anzhaimer, estimulante del sistema inmune y otros innumerables beneficios que han pasado del ámbito de lo científico a ser una voz común.   Este componente está presente en la piel de las uvas, el maní, los arándanos, frutos secos y chocolate amargo. 

 Si bien es cierto un vaso  en particular de vino tinto contiene resveratrol en proporción de 1890 microgramos por cada 141 gramos de vino también tiene 9.6 gramos de alcohol que multiplicados por los 7 días de la semana nos darían un total de 67.2 gramos de consumo semanal poco más de media taza de alcohol puro. 

El alcohol por el contrario en nada beneficia a la salud. Una de las principales consecuencias del consumo del mismo es el hígado graso. Este órgano procesa el alcohol convirtiéndolo en agua y dióxido de carbono a través de un proceso llamado oxidación. Para realizarlo el organismo extrae agua de tu propio cuerpo, por ello la sensación de naúseas, mareo y dolor de cabeza presentes en la resaca. 

Si se consume una cantidad superior a 45 ml diarios el hígado no puede realizar este proceso adecuadamente teniendo en consecuencia una gran acumulación de grasa que termina en cirrosis. La cantidad de alcohol adecuada para el organismo la encontramos en el consumo de frutas y cualquier otro elemento extra ya está saturando a este magnífico órgano productor de sangre.

De otro lado, el alcohol reduce el azúcar de la sangre acelerando la transformación del glucógeno en glucosa haciendo que ésta se elimine más rápido así el páncreas debe aumentar su trabajo para mantener los niveles estables llegando a afectarlo también. De todos es sabido que acelera el ritmo cardíaco y puede llegar a afectar seriamente el corazón. 

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) el alcohol está relacionado directamente con 60 enfermedades que incluyen daños gastrointestinales, inmunológicos, transtornos en la reproducción, cáncer, efectos sobre la visión, la piel, las mucosas, y muchas más.

¡Un vaso de Vino al Día! El alcohol altera el comportamiento

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Otra consecuencia de un vaso de vino al día puede verse en las modificaciones comportamentales del consumidor.

El alcohol es un depresor del sistema nervioso, es por ello que puede producir un bajonazo en la inhibición quedando un efecto de euforia seguido de depresiones por no tener ya esta sensación lo cual crea una dependencia para volver a consumir este producto y tratar de mantener un falso estado de bienestar, así seguramente el tamaño del vaso de vino al día puede verse modificado empezando por uno pequeño y aumentándolo cada vez (nunca nos han dicho de qué tamaño debe ser el vaso diario).

Al ser un inhibidor también va ocasionando que se pierdan los límites de auto corrección comportamental, es decir, las sensaciones se magnifican:  las alegrías son más profundas, el amor se siente glorioso, la sensación de fortaleza sexual se incrementa, la seguridad para hablar con otros y de su mano la ira es más grande, los celos aumentan, la frustración es mayor, las ofensas a los demás van cediendo su espacio a las agresiones físicas  y lo que en un inicio fue un estado en apariencia positivo termina hiriendo a los demás y a sí mismo.

Si comparamos los beneficios de un vaso de vino al día con los perjuicios que puede traer en cuanto a las consecuencias en la salud y el comportamiento verdaderamente puestos en una balanza, uniéndonos al dicho común, diríamos que es peor el remedio que la enfermedad.  Un beneficio mínimo por un gran perjuicio. ¿Y tú qué opinas?

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